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La calefacción geotérmica destaca
entre todos los sistemas de calefacción por su calidad y confort.
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El ajuste de la temperatura es fácil
y preciso
La calefacción geotérmica permite
definir “zonas de confort” agrupando las habitaciones
según su función y el uso que se va a hacer de ellas.
Los distintos programas de regulación varían en función
de la tecnología empleada:
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En la tecnología de expansión directa, un compresor,
cuya potencia transmitida se adapta a la zona, controla cada una de las
zonas definidas (por ejemplo, zona de día y zona de noche).
En las tecnologías de distribución hidráulica, la regulación de la temperatura
del sistema se lleva a cabo mediante la modulación del flujo de agua
que circula en cada uno de los tubos del suelo radiante.
Antes de realizar las obras y mediante un estudio de pérdidas realizado
en cada habitación, también se puede aumentar el calor transmitido en
las habitaciones más frías (orientadas al norte…) incrementando la densidad
de la red de tubos que conforma el suelo radiante.
Suelo radiante: la calefacción equilibrada
El suelo radiante a baja temperatura es la mejor solución para
disponer de una calefacción equilibrada, bien repartida entre suelo
y techo. El ambiente es sano y el aire no se reseca. En invierno,
el suelo permanece siempre caliente y, al no haber radiadores, hay más
espacio libre.
Agua caliente sanitaria en abundancia
La producción de ACS no supone ningún gasto adicional ya
que aprovecha el calor del fluido frigorígeno al salir del compresor.
De este modo, se puede calentar un depósito de 300 L con un intercambiador
de calor situado alrededor de la caldera.
Confort y libertad
El confort también es sinónimo de libertad. Olvídese
con la calefacción geotérmica de tener que llenar la caldera,
deshollinar la chimenea cada cierto tiempo… Es fácil de utilizar
y no precisa ningún cuidado específico.

Todo este confort lo puede disfrutar por un precio mínimo en comparación
con las técnicas de calefacción tradicionales: por 1 kW
de electricidad consumido por el compresor, el calor útil que se
recupera en la casa es, según las configuraciones, de 3 a más
de 4 kW.
De este modo, el ahorro realizado en la factura de electricidad puede
alcanzar hasta un 75 % con respecto a la calefacción eléctrica
clásica ya que por cada kW consumido, se recuperan hasta 4 kW,
a esto también se le añaden los ahorros realizados en las
tareas de mantenimiento habituales (deshollinar la chimenea…).
Tenemos, como ejemplo, el de una casa de unos 120 m2 situada
en la región
de Haute-Loire, en Francia, a 700 m de altitud, que solamente consume
30 € al mes en calefacción y agua caliente sanitaria.
La inversión inicial es similar a la de un sistema
de calefacción tradicional por un coste de explotación claramente
inferior por lo que se amortiza y rentabiliza muy pronto.
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